16/5/19

Reparación Chancla Crocband Flip U, de Crocs

Cinco años me han durado sanas, a pesar de la "mala" vida que les he dado. Los primeros días tuve algo de más miramiento con ellas pero pasados pocos meses, una vez que comprobé su gran resistencia, ya empecé a meterlas por todo tipo de terrenos, sometiéndolas a diversas condiciones (agua dulce, agua clorada, agua salada, sol, etc). Llegados a este punto, creo que las he amortizado de sobra, pero eso no quiere decir que sea el momento de despedirlas aunque a una de ellas se le haya roto una parte importante, esa que separa el dedo gordo del resto y te ayuda a mantener sujeta la chancla. Aprovecho para hacer un inciso dirigido al fabricante: elaboren con otro tip de material más resistente esa parte de la chancla porque su rotura inesperada puede ocasionar un accidente al usuario. En mi caso, poco me faltó para caerme rodando por las escaleras después de que se rompiera de golpe y sin previo aviso alguno de rotura (al menos, apreciable).

Bueno, volviendo al lugar donde estaba, creo que es posible darle algún año más de vida, en beneficio del Medio Ambiente y, por qué no, de mi cartera también.

He valorado distintas opciones de arreglo pero al estar fabricadas con Croslite, un tipo de PCCR (resina de celulosa cerrada patentada), es complicado el uso de adhesivos así que he optado por una solución sencilla y, de paso, reutilizando un producto que estaba destinado al reciclaje.

He echado mano de unos restos de microtubería de riego de diámetro 5mm y de una cuerda de poliester que he usado de alma resistente para el microtubo (foto 2).

He eliminado la pieza rota de la chancla, cortándola con un cúter y he taladrado en esa zona de la misma con una broca diámetro 5mm (foto 1).
He anudado un extremo del microtubo armado ya con la cuerda y he introducido el extremo libre por el orificio que había en la suela de la chancla (foto 3). Luego lo he pasado por el taladro y realizado un segundo nudo bien fuerte, después he cortado la parte sobrante detrás del nudo (foto 4).
Como el microtubo que he utilizado está fabricado con polietileno (PE) me garantizo la resistencia a la intemperie y creo que también al rozamiento.

Llevo ya varios días usándolas y aún se mantiene firme el arreglo. Espero que me duren mucho más ya que el resto de las chanclas está en buen estado.

Tal vez la nueva estética de la chancla reparada no sea demasiado atractiva pero no me va a importar, al menos mientras se sigan vendiendo pantalones vaqueros despintados y con agujeros por todos lados y sean socialmente muy bien aceptados.

Muchas gracias por vuestro interés en este blog. Un abrazo.

24/3/14

Al tercer día resucitó

"Llevaba ya tiempo haciendo un ruido muy extraño", frase típica de típica novela de intriga ¿no?, pero la verdad es que fue así como empezó todo. No recuerdo ahora, exactamente, cuando fue la primera vez que dejó de sonar como cuando estaba nueva para empezar a "quejarse" en forma de golpeteos que subieron de intensidad con el paso de los días. A esto se le sumó después un cimbreo loco que a veces, y en función de la carga, podía llegar a convertirse en un traqueteo tal que la hacía alejarse varios centímetros de su posición original. Después de cada lavado quedaban restos de agua en el suelo y algo de óxido que, en un principio, achaqué al normal deterioro interno que podían estar sufriendo las paredes de la carcasa después de casi quince años de duro esfuerzo y todo el agua que podía haber rebosado de la cubeta en todo ese tiempo.
 Pasaron los días y, entre las manchas de óxido, aparecieron virutas metálicas oxidadas. Aquello no me gustó pero, como ella seguía lavando y yo no disponía de mucho tiempo, tampoco le di mayor importancia. Lo aterrador fue el día que, junto a nuevas virutas, encontré pequeñas bolitas de acero, sí, esas mismas que van dentro de los rodamientos que sostienen el eje de la cubeta de la lavadora (de carga superior Otsein, LTO 65). Ésta era la señal inequívoca de que algo no iba nada bien allí dentro y de había que ponerse manos a la obra e intervenir de urgencia. Esperé la oportunidad para empreder tamaña empresa dado que necesitaba horas, espacio y no tener nada pendiente para lavar.
Llegó el día. Empecé por la carcasa lateral, por la que se accedía al rodamiento que se acciona con la polea de motor (foto 5). Éste, a simple vista, parecía estar sano dado que no tenía rastro alguno de óxido. Ahora tocaba acceder al otro rodamiento y, sinceramente, no tenía ni idea de como llegar a él (días antes había estado buscando planos en internet pero no encontré nada de nada). Tumbé la lavadora en el suelo y la observé por abajo; imposible por ahí (foto 4). No tenía opción, tuve que desmontar toda la parte superior de la lavadora (mandos, botones, cubetas de detergente, cableado, etc) para dejar libre de "polvo y paja" la carcasa de la cubeta y los dos contrapesos de hormigón (de más de 10kg cada uno) que la acompañaban (fotos 1, 2 , 3 y 6). Luego desmonté la polea (foto 5) y el contrapeso que estaba en el mismo lado que ésta, para seguir con el contrapeso opuesto. Liberados los dos tochos, pude sacar la carcasa de plástico del armazón metálico de la lavadora y fué entonces cuando descubrí la cubierta metálica (brida) que había alojado, hasta el día de la avería, el rodamiento que ya había pasado a mejor vida (fotos 7, 9 y 10). El agua no sólo había destruido esta pieza sino que además había corroido, hasta el punto de casi cortarla, la abrazadera metálica (foto 8) que cierra herméticamente la carcasa de plástico de la cubeta.
Localizados los daños, pedí los recambios al servicio técnico oficial. Unos días después ya los tenía en mis manos y ahora venía lo mejor, dejar la máquina, al menos, como estaba. Para ello tenía que terminar de extraer los restos del rodamiento dañado, pero se resistían a salir. No me atrevía a forzarlos para evitar males mayores, así que hablé con uno de los mecánicos del servicio técnico que amablemente me explicó como con una simple llave de grifa o un tornillo de rosca izquierda podría conseguirlo sin mayor problema. Estupendo, eso era lo que necesitaba, la confianza suficiente para afrontar el último paso. Rocié la pieza en cuestión con aceite lubricante y la dejé así hasta el día siguiente, cuando pude lograr extraerla con unos simples alicates.
Limpié bien las zonas donde iban las nuevas piezas (rodamiento y abrazadera) y las coloqué. Ya puesto, y para evitar una avería igual en el futuro, fabriqué una nueva pieza para la lavadora con un bote usado de plástico y se la adapté (secreto hasta que la patente).
 Una vez sustituidas las piezas dañadas, seguí la reconstrucción con la ayuda de las "miguitas de pan" que, en forma de fotos hechas durante el desmontaje, había dejado por el camino. Conforme iba colocando piezas iba también limpiando, engrasando y repasando con minio algunas zonas oxidadas. Al cabo de unas horas todo estaba ya en su sitio, sin que sobrara ni un sólo tornillo. Finalmente la probé con un lavado rápido de toallas, una buena prueba de carga, que tras una hora de silencioso trabajo terminó con éxito.

10/11/13

Rescatando a la IXUS

Desde la primera cámara IXUS (Canon) que tuve me quedé, literalmente, enamorado de este modelo de compacta digital de la que puedo destacar el tamaño y nitidez de su display y, sobre todo, la excelente calidad de la fotos que tira (sobre todo porque mantiene una buena relación, a mi corto entender, entre los colores reales y los obtenidos). No obstante, habiendo pasado por mi primera IXUS 30, la posterior IXUS 95 y la actual IXUS 132 (protagonista de este post) me he dado cuenta de que la marca ha ido escatimando en gastos para conseguir una cámara más competitiva en el mercado y esto ha hecho que muchos de los componentes de la misma, que antes eran metálicos, se hayan ido sustituyendo por piezas de plástico (mucho más delicadas).


El pasado septiembre me regalaron la nueva IXUS 132 y, poco menos de un mes después, tuve la mala suerte de que se me cayera al suelo mientras hacía una foto con el autodisparador automático. La mala pata fue que se golpeó "mortalmente" el botón de disparo (fotos 3 y 4) que está integramente hecho de plástico.


La carcasa de aleación de aluminio también se daño porque, a pesar de ser metálica, su espesor es pequeño. Dado que la cámara había quedado con el disparador roto (casi colgando por fuera), la camara ya estaba inservible y decidí que era hora de "operar" (había que jugársela).


Los anclajes del botón (foto 6) se habíán soltado/despegado y tuve que volverlos a pegar, tarea complicada porque de fábrica venían microsoldados y volver a soldar podría provocar la pérdida de los anclajes así que tuve que recurrir a pegamento de secado ultrarrápido (tipo cianocrilato). Igualmente tuve que encajar y ajustar, en su sitio, el botón metálico (fotos 7 y 8) que realmente hace la función de disparador y que está justo debajo del botón que se rompió.


La última parte del arreglo, de la que no pude sacar fotos, consistió en reconstruir un anclaje de cierre de la cámara que se rompió al abrirla. A partir de una brida de nylon fabriqué la pieza y la soldé con cianocrilato a la carcasa de la cámara. Luego, con la ayuda de cuter le di la forma deseada y luego, con la ayuda del minitaladro (vulgarmente conocido como "dremel") le hice el orificio en la zona exacta para que posteriormente pudiera alojarse en él el tornillo correspondiente.

Finalmente, con la ayuda de unos alicates pequeños, enderecé la zona doblada de la carcasa que está junto al botón que se había dañado y  ¡¡se acabó!!. La cámara ya funciona como el primer día.

Otro día os contaré como reparé, antes de ésta, la otra IXUS (la 95) a la que le entró un grano de arena en el interior del juego de lentes (microcirugía pura).

Pues, nada más, os animo a que NO desechéis los aparatos electrónicos que se hayan estropeado por algún golpe/porrazo. Si en el servicio técnico no os los pueden/quieren arreglar, podéis contactarme a ver que se puede hacer, que no está la cosa para tirar.

2/8/12

¿Cómo reparar un cortabordes con un lápiz?


Llevaba ya unos días comportándose de forma extraña, ya no tenía la potencia de antes y a veces se quedaba a medias hasta que el pasado sábado, por la mañana, dejó de funcionar. Al principio pensé que a mi viejo cortabordes Black & Decker, modelo GL425, podría habérsele salido el eje del motor de su base, como en la última ocasión que lo reparé, así que, de nuevo de aventuré a operarlo. Lo abrí en canal, con ayuda del destornillador de estrella, y le eché un vistazo al motor. Estaba equivocado, se trataba de las escobillas. Estaban casi reducidas a la nada, eso provocaba la falta de suministro eléctrico al rotor del motor y el consecuente paro. Como ya era sábado por la tarde, la opción de ir a buscar unas escobillas nuevas a una ferretería de las de toda la vida o al servicio técnico estaba fuera de lugar así que me acerqué a una de esas grandes superficies dedicadas al bricolaje con la esperanza de encontrarlas allí. El viaje fue en balde. El domingo, después de una estupenda y fresquita noche, a pesar de ser pleno verano, me desperté con la intención de terminar la tarea de repaso de bordes que no pude terminar por culpa de la avería. Después de desayunar y con las neuronas ya despiertas, se me ocurrió que tal vez podría fabricar yo las escobillas a partir de un lápiz que jamás llegué a utilizar. Se trataba de uno de esos cuyo único constituyente es puro grafito, exactamente igual que en el caso de las escobillas que necesitaba. Resulta que el grafito (carbono puro) es un conductor eléctrico magnífico y, al mismo tiempo, un muy mal conductor térmico (refractario), lo que lo convierte en un material muy adecuado para ejercer de escobilla de motor.

No tenía nada que ver más que un lápiz y mucho que ganar (aunque, la verdad, no se cuanto cuestan unas escobillas para ese pequeño motor), así que cogí el calibre y medí la longitud que tenían que tener las nuevas escobillas.


Corté dos trozos del lápiz, de sección cilíndrica, y les fui dando forma con la ayuda de una lija de grano fino, hasta conseguir la sección cuadrada (suerte que ésta no era muy grande y podía esculpirse en la del lápiz con suficiente margen.


Una vez terminada la operación de tallado, coloqué las flamantes escobillas y volví a colocar el motor en su posición correcta. Cerré la carcasa y lo probé. Funcionaba perfectamente, así que pude terminar de cortar los bordes del jardín.

20/4/12

Soporte para plantas


Hace unos días me topé, junto a un contenedor de basuras, con una antigua base de madera para brasero, una de esas que poníamos antes bajo las "mesas de camilla". Iba en mi coche y me sorprendió ver que, aparte del color apagado de la madera vieja, la base estaba perfectamente y además tenía una configuración inferior muy original y un acabado bastante profesional, tanto que me decidí a llevármela, sin saber a priori que iba a hacer con ella; me pudieron las ganas de tener aquello, ya se me ocurriría algo. Nada más llegar a casa y toparme con una de mis macetas de aloe vera, pensé en usar la nueva adquisición como soporte para ésta, dejándolo en el suelo, pero al mirar la lado y ver la yuca, se me iluminó la bombilla. Aquí está el resultado. La base encajó perfectamente y se sustenta perfectamente en tres puntos, sin necesidad de anclaje adicional alguno.

19/6/11

Solucionado

Mira que nos gusta calentarnos la cabeza, buscarle tres pies al gato (o al Gatoto), sacar las cosas de quicio, ... con lo fácil que puede ser ir a lo práctico, ayudar y apoyar sin esperar nada a cambio, ser positivo y encontrar esa estupenda solución que a todos agrada y tan cerca está, aunque no la veamos a simple vista.

9/1/11

Obsolescencia programada

Parece ser que la moda de la compra compulsiva respaldada por la producción agresiva y sin límites empieza a hacer agua, despacio, pero, en definitiva, comienza a fallar. La realidad actual a la que hemos llevado a nuestro planeta y, con él, a la sociedad que lo habita, muestra que el ritmo de vida al que hemos estado acostumbrados en el mundo occidental toca a su fin. Una sociedad cuyo principal valor es la posesión física está condenada al fracaso, pasando, por supuesto, por el agotamiento de los pocos recursos disponibles en este mundo de todos.
La industria del siglo XX se ha basado en la obsolescencia, programada o no, para producir sin control y conseguir que renovemos con frecuencia pasmosa el "arsenal" del que disponemos (ropa, electrodomésticos, vehículos, herramientas, etc). Me parece pobre y erróneo el planteamiento de los empresarios que piensan que creando productos débiles y caducos prolongarán en el tiempo su actividad comercial cuando, por ejemplo, creando productos duraderos, a buen precio y bien publicitados, multiplicarían sus ventas y ganarían prestigio, pudiendo ampliar, así, su gama de productos con facilidad ¿quién no quiere tener algo que no se le vaya a romper en dos días?
A tenor de todo esto, os recomiendo que veáis el interesantísimo documental titulado "Comprar, tirar, comprar", dirigido por Cosima Dannoritzer y producido por Joán Úbeda, que versa sobre "La historia secreta de la obsolescencia programada", según especifican sus autores; Para más señas
http://www.rtve.es/television/documentales/comprar-tirar-comprar/.